Un fin de semana de calma después de la tormenta…

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Qué bien se está tirada en el sofá, mirando por mi ventana que da al jardín y a la pequeña terraza de mi apartamento parisino del 15ème arrondissement… Pero llevo una temporada muy introspectiva y de mirarme al ombligo, todo para olvidarme de que existo… ¡Eso es algo imperdonable! Menos mal que mi saboteadora interna, con las pintas de una abu educada-educadora en la moral judeo-cristiana, me da una colleja de vez en cuando y, aunque lo paso mal y me echo mil culpas a mi misma, acabo reaccionando.

Hace unos dias le decia a mi madre que NO QUIERO QUE ME VUELVA A PASAR ESTO. Tengo 30 años ya, no está el horno para bollos… Pero me volverá a pasar, seguro. Eso si, cada vez que me ocurre salgo reforzada y cada vez me duele un poco menos… ¿significará eso que estoy creciendo y avanzando? Claro que si.

Después de mucho filosofar, y he de decir que tras un montón de muestras de cariño que me ha demostrado mi gente, ¡GRACIAS! decidí dejar de castigarme y salir a que me diera el aire. El resultado: un fin de semana maravilloso, descubriendo mi barrio parisino, que es una maravilla de ciudad independiente, con mi propia compañía y la de una serie de llamadas telefónicas que siempre reconfortan, mimándome, cuidándome y haciendo todo lo que me gusta: pasear, mirar, oler, escuchar, ver cosas bonitas, comprarme ropa y objetos bonitos, revistas y comida, cocinar, tomar el sol, hacer deporte, dormir, cantar, estudiar… Aunque tb he planchado (¡YO!) y he recogido y limpiado mi casita para que me apetezca venir aquí… Seguro que pensáis que cómo es que me puedo plantear que no me guste venir a París, pero se trata de un curso e el que me han pasado muchas cosas, no todas ellas agradables, y le había cogido un poco de manía a esta cuidad. Más bien al concepto de tener que irme completamente sola a una ciudad a pasar 15 días al mes, siguiendo una dinámica aeropuerto-trabajo-casa-trabajo-casa-trabajo…no sigo. Eso no le apetece a nadie. Lo bueno de París es que es imposible no reconciliarte con ella en el medio segundo que pones un pie en la calle y miras hacia arriba. Además, a pesar de los altos niveles de contaminación (que no “polución”, joder, que esta no es nueva), ha hecho un tiempo buenísimo, que me ha permitido hacer un poco de fotosíntesis y cargarme las pilas. Para lo que venga. Para seguir. Para decidir que ya no. Para quedar con amigas de antaño que te cuentan cómo han realizado un cambio en sus vidas para cumplir sus sueños. Para decidir qué sueños quiero cumplir yo. Para existir, sin miedo a vivir.

Os dejo, como muestra de mi finde, unas cuantas de las fotos que he conseguido salvar.

¡Besos a todos! ¡Y sed felices, no hagáis tonterías como yo!

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Esto es un rincón muy curioso que hay justo al lado de mi casa. Un trocito del mar que tanto añoro en París.

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El cuervo mas perseguido del Parc Georges Brassens.

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Los millones de olores evocadores de estas velas, de la tienda Art de Vivre, rue de la Convention.

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La cerveza Leffe y mi bloc de notas, para que no se me olvide todo lo que hago por mi misma y para mi misma.

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Los mil tipos de lechugas que se venden en esta ciudad, que me han hecho reconciliarme con las ensaladas… (¡YO!)

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Mi cara de paz después de 7 km de carrera,tomando el sol en Cité Universitaire.

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El tiempo pasa, se pasa la vida y yo me comprometo a no ser más una espectadora.

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